Llevas años trabajando para que el negocio de alguien más crezca. Ves los errores que comete tu jefe, sabes cómo lo harías mejor, y cada quincena cambias tu talento por un sueldo que se acaba antes de fin de mes.
Tienes la idea de tu propio negocio guardada hace años… pero entre el miedo, la falta de capital y no saber por dónde empezar, sigue ahí, guardada.