Eres el que ordena el caos. En tu trabajo y entre tus conocidos, eres a quien acuden cuando algo no funciona: el negocio del primo, la tienda de tu amiga, el área que nadie quiere arreglar.
Das ese valor gratis todos los días… mientras consultores con menos calle que tú cobran miles por hacer lo mismo. La diferencia no es el talento: es el método y el respaldo de un título.